Historia
Historia
MADRE nació de la creencia de que juntos podemos hacer una diferencia. En 1983 un grupo de mujeres activistas, poetas, maestras, artistas y profesionales de la salud viajaron a Nicaragua para presenciar el impacto de la guerra patrocinada por los Estados Unidos. Lo que vieron las horrorizó y enojó. Conocieron mujeres que les mostraron los centros de día, escuelas y clínicas que habían sido bombardeadas por los contras con el apoyo del gobierno de los Estados Unidos.
Estas mujeres retornaron a los Estados Unidos con un mandato de las mujeres de Nicaragua: llevar las historias de mujeres, niños y niñas nicaragüenses a la atención del público y movilizar a la gente para exigir cambios en la política de gobierno de los Estados Unidos.
La directora fundadora de MADRE, Kathy Engel, y las mujeres que ella unió tuvieron una visión de una organización internacional única, liderada y dirigida por mujeres, dedicadas a informar a la gente de Estados Unidos sobre los efectos de las políticas estadounidenses en las comunidades alrededor del mundo. MADRE resolvió construir alternativas reales a la guerra y la violencia al apoyar las prioridades de nuestras organizaciones hermanas y uniéndolas a las necesidades de las mujeres y familias en los Estados Unidos a través de un intercambio de ayuda directa y comprensión de persona.
25 Años de Mujeres recreando el Mundo
En el verano de 1983, un grupo de mujeres de la asociación nacional de mujeres de Nicaragua y del Ministerio de Salud para la Región Autónoma de la Costa Atlántica de Nicaragua invitaron a un pequeño grupo de mujeres de los Estados Unidos. Las mujeres nicaragüenses estaban viviendo los peores días de una campaña terrorista que llevaba 10 años, una guerra no declarada en donde las milicias de derecha de la Contra, ilegalmente entrenadas y financiadas por los Estados Unidos, arremetieron contra civiles en matanzas masivas, violaciones, tortura, secuestros, destrucción de cosechas y ganado y bombardeando centros de día, escuelas, hospitales, iglesias, centros comunitarios y hogares para derrocar al gobierno Sandinista de izquierda de Nicaragua. Esta invitación por parte de las mujeres nicaragüenses daría origen a una organización internacional de mujeres pro derechos humanos que incluye una red de mujeres activistas, abogadas, artistas, educadoras y líderes de la comunidad en más de una docena de países.
Anteriormente, ese mismo año, un grupo de nicaragüenses, incluyendo a miembros de la asociación de mujeres y del Ministerio de Salud, que habían sobrevivido a los ataques de los Contra apoyados por el gobierno norteamericano, elevaron una demanda contra los Estados Unidos en la Corte Internacional de Justicia. Los testimonios de las demandantes fueron tan movilizadores que Kathy Engel, una joven poetisa y activista de los Estados Unidos, decidió elaborar una lectura dramática basada en las trascripciones del juicio. En ese momento, Nicaragua no aparecía en los titulares de los periódicos. Aunque los Contras estaban matando gente casi a diario y los Estados Unidos minaban los puertos nicaragüenses en secreto, nadie lo consideraba una guerra. "Nosotros esperábamos que la lectura atrajera la atención pública sobre lo que Estados Unidos estaba haciendo en Nicaragua", dijo Kathy. Tres de las demandantes accedieron a venir a los Estados Unidos para participar en la lectura.
Una de ellas era la Dra. Mirna Cunningham, Ministra de Salud para la Región Autónoma de la Costa Atlántica de Nicaragua. "Luego de la lectura", recuerda Mirna, "invitamos a las organizadoras a Nicaragua. Esperábamos que ellas, de a poco, trajeran más mujeres que vean por ellas mismas lo que el gobierno le estaba hacienda a nuestro país. Queríamos que vieran a los ojos de las madres cuyos hijos habían sido asesinados por los Contras y que transformen ese sentimiento en acción. Queríamos que ellas vieran lo que estábamos tratando de construir en Nicaragua en ese momento. Que entendieran la locura de las afirmaciones de su gobierno, que consideraba que nuestra Revolución era una amenaza para los Estados Unidos. Principalmente, queríamos que ellas volvieran a sus hogares y organicen a otras mujeres. Nosotros creíamos que si las mujeres de los Estados Unidos entendieran verdaderamente la miseria que su gobierno estaba causando, ellas demandarían un cambio. Y estábamos en lo cierto."
De hecho, las mujeres que viajaron a Nicaragua ese verano volvieron a sus hogares con un compromiso hacia las mujeres que allí conocieron. Unidas a otros que se sensibilizaron con las historias y la información que ellas compartieron, comenzaron a construir una organización que respondiera a las necesidades de las mujeres y las familias amenazadas por la política exterior de los Estados Unidos y que le diera a la gente en los Estados Unidos los medios para exigir una alternativa contra estas políticas injustas. Inspiradas por el Comité de Mujeres de Nicaragua, cuyos hijos habían sido asesinados por los Contras o durante la lucha para derrocar el régimen derechista de Somoza, nombraron a esta organización MADRE.
Haciendo MADRE: los movimientos, el momento
Entre las mujeres que construyeron MADRE había artistas, maestras, poetisas, actrices, trabajadoras de la salud y organizadoras políticas de larga data. Ellas se unieron a través de sus diferencias culturales, de clase y comunidad, reconociéndose mutuamente por el compromiso compartido de unirse en la lucha activa contra el sexismo, el racismo, la guerra, la homofobia y la explotación económica. Ellas fueron las feministas que demandaron que los movimientos de mujeres enfrenten al racismo en la sociedad y dentro de sus filas, las Independentistas que tuvieron una crítica feminista contra el nacionalismo; las socialistas que insistieron que la liberación era más que una función de la economía. Construida sobre el compromiso común con los derechos y el liderazgo por parte de las mujeres, las fundadoras de MADRE unieron las fuerzas de sus actividades políticas diversas y sus experiencias de vida para crear una organización liderada y dirigida por mujeres que fue conjuntamente una culminación de y una innovación en los movimientos por el cambio social en los que ellas actuaban.
"Con el liderazgo de Kathy, creamos MADRE para lidiar con la crisis en Nicaragua", dijo Anne Hess, quién fundó la Junta Directiva de MADRE. "Pero también para posibilitar a las personas ver la conexión entre esa crisis y los problemas acontecidos aquí mismo en los Estados Unidos. Recuerden, 1983 fue un momento de divisoria de aguas en este país". Tres años antes, el Partido Republicano había emergido desde las sombras del escándalo de Watergate para reclamar la Casa Blanca y las cortes. La administración Reagan no solo expandió el apoyo de Jimmy Carter a los Contras en una guerra encubierta y a gran escala en el extranjero, sino que también trabajó a nivel doméstico para hacer retroceder las victorias adquiridas por los movimientos sociales de los 1960s y 1970s, tales como los centros de día y centros de salud públicos fundados en ese momento y la habilitación de un programa económico que redistribuyera masivamente los recursos entre ricos y pobres. A lo largo y ancho del país, la violencia racista y homófoba se acrecentó como resultado de una ideología religiosa de derecha que se tornó masivamente aceptada. Los derechos económicos y reproductivos de las mujeres fueron atacados. La pobreza empeoró y se incrementó la falta de vivienda.
"Trabajamos para identificar las causas de estos problemas y las raíces de la violencia que hemos presenciado en Nicaragua", dijo Anne. "Nos focalizamos en las conexiones, por ejemplo, entre la discontinuidad de los programas de guarderías en los Estados Unidos y los bombardeos a los guarderías en Nicaragua." Las fundadoras de MADRE entendieron a la guerra de los Contra en Nicaragua como una de las muchas instancias en las cuales los que llevan a cabo las políticas estadounidenses priorizan el militarismo y la obtención de un beneficio económico por sobre las necesidades básicas de la gente, particularmente las necesidades de las mujeres.
"Nuestro foco en la política exterior de los Estados Unidos", dijo Anne, "se originó en nuestras experiencias en un rango amplio de movimientos políticos, como por ejemplo en los movimientos en contra del Apartheid en Sudáfrica. Aprendimos mucho del Congreso Nacional Africano (ANC por sus siglas en inglés) en los 1980s, el cual identificó al sistema de Apartheid como su principal enemigo y no a los sudafricanos blancos. El ANC de ese momento es recordado como un modelo de organización multi-racial, pero también nos brindó un principio para entender quién es tu enemigo y donde ejercer presión cuando quieres ver un cambio. Entendimos que nuestros objetivos eran las políticas de Estados Unidos, no los hombres, ni los ricos, ni la gente que había votado a Reagan, pero si las políticas e instituciones que perpetuaron el sufrimiento. La comprensión del rol de las políticas de los Estados Unidos se volvió crucial pata cada uno de los temas que MADRE aborda."
Mujeres y Familias
Desde un principio, MADRE enfocó su trabajo desde la perspectiva de las mujeres, viendo el mundo desde los ojos de aquellas que son responsables del hogar, la salud, el cuidado, la educación y el bienestar emocional de la amplia mayoría de la población y quienes son el blanco de discriminación y violencia. Las fundadoras de MADRE entendieron que el rol social de las mujeres como cuidadoras les otorga un poderoso posicionamiento en cuestiones políticas que van desde la ayuda alimentaria hasta la proliferación nuclear. También creen que las mujeres pueden transformar sus experiencias individuales de violencia y discriminación en una postura contra cualquier forma de opresión si vieran que los distintos tipos de opresión se refuerzan mutuamente.
Las fundadoras de MADRE sabían que aunque el rol social tradicional de la mujer y la discriminación contra la mujer se dan a escala global, se vivencian de manera diferente, dependiendo de la raza, la nacionalidad, la clase, la sexualidad y otros aspectos de la identidad. Ellas vieron que basándose tanto en las fuerzas de esas diferencias como focalizándose en la universalidad de los roles de las mujeres y de la opresión contra estas podría ser la clave para construir alianzas políticas duraderas entre las mujeres de las distintas comunidades dentro de Estados Unidos y entre estas mujeres y aquellas de otros países.
Este enfoque desafió la tendencia hacia las políticas aisladas que marcaron muchas de las organizaciones progresistas de 1980s. Kathy Engel recuerda como la insistencia de MADRE en que "los activistas de Nicaragua piensen sobre El Salvador como también sobre Palestina y el Este de Los Ángeles era a veces impopular". Algunos de los grupos solidarios de América Central se preguntaban por qué una organización de mujeres se entrometía en la política exterior. Y algunos sectores de los movimientos de mujeres no les gustaba cómo MADRE hablaba de "las mujeres y sus familias", negándose a apartar a las "mujeres" de los contextos diarios de sus vidas y sus comunidades. Cuando nosotras comenzamos a hablar sobre los derechos humanos, las organizaciones de derechos humanos más reconocidas de ese momento apenas se referían a las cuestiones económicas que nosotras clamábamos como centrales para la mayoría de las mujeres en el mundo – incluidas las estadounidenses – como los derechos a la comida, a la vivienda y a la salud. Las fundadoras de MADRE estaban determinadas a construir una organización que estuviera claramente focalizada tanto en cuestiones concretas como también que pudiera sustentar una práctica política tan compleja como la realidad de la vida de las mujeres.
Las organizaciones hermanas de MADRE: Socias para el cambio
El trabajo de MADRE con las mujeres de Nicaragua se convirtió en el modelo para la asociación con nuestras organizaciones hermanas alrededor del mundo, organizaciones de mujeres basadas en la comunidad que comparten nuestro compromiso hacia la justicia social y una política progresista. Las mujeres que se unieron a través de estas organizaciones son aquellas para quienes los titulares más horrorosos de los diarios son una realidad vivida cotidianamente. Ellas son las sobrevivientes de la guerra, de la represión política, del genocidio, de la explotación económica y sexual como también sobrellevan las cargas de los desastres naturales y las políticas desastrosas. Sin embargo, ellas se niegan a rendirse a la desesperación. En cambio, se han organizado junto a MADRE para construir clínicas de salud, programas de nutrición, refugios para víctimas de violencia doméstica, estaciones de radio comunitarias, centros de capacitación sobre derechos humanos, campañas de alfabetización, y programas para promover la defensa de los derechos humanos y la participación política de las mujeres. Estos programas ayudan a satisfacer las necesidades inmediatas en las comunidades de nuestras socias y trabajan para lograr un cambio en el equilibrio de poder a favor de las mujeres y sus familias.
A través de nuestras organizaciones hermanas, hemos podido ofrecer un apoyo fundamental a cientos de miles de mujeres y a sus familias. Lo que nuestras organizaciones hermanas nos han devuelto, no puede ser cuantificado. Nos han enseñado que la desesperación es un lujo y que la esperanza es una respuesta racional ante cualquier condición si nos podemos unir con otros para crear un cambio. Como Kathy Engel dijo, "Estamos fortalecidas por ... las mujeres que son nuestros modelos, aquellas que siempre se han lanzado hacia el fuego cuando no había otra manera de salvar a un niño."
Los miembros de MADRE: Convirtiendo la Indignación en Acción
Ninguno de los logros de MADRE a lo largo de estos 25 años hubiera sido posible sin nuestros 25 mil miembros. Ustedes son los que han apoyado nuestros programas en curso y nos han recibido una y otra vez cuando nuestras hermanas han enfrentado catástrofes repentinas, como ataques paramilitares, huracanes o campañas intimidatorias de sus gobiernos. Ustedes han estado allí no solamente con fondos para nuestras organizaciones hermanas, sino también con mensajes de amistad y apoyo. Esto ha sido tan crucial como el pan para asegurarles a nuestras hermanas que no están solas, que alguien sabe por los difíciles momentos que están pasando y que alguien las está acompañando.
Ustedes han respondido a nuestros pedidos de campañas de escritura de cartas para detener la venta de armas de Estados Unidos a Israel y someter la acción de los Estados Unidos a las leyes internacionales. Han juntado anteojos, medicamentos contra el SIDA y juguetes para entregar a los hospitales y clínicas en Cuba. Se han unido a las delegaciones de MADRE a Nicaragua, El Salvador, Guatemala, Cuba, Irak, Palestina y El Líbano, para ver por ustedes mismos el impacto de las políticas estadounidenses sobre nuestras hermanas en aquellos países y para educar a la gente a la vuelta, en sus hogares, sobre lo que ustedes vieron. Han asistido a reuniones, ciclos de cine, reuniones, vigilias, conciertos, demostraciones y eventos comunitarios a beneficio en apoyo al trabajo de MADRE. Han reenviado nuestros boletines informativos a sus amigos.
Sobre todo, han entendido la importancia de apoyar a MADRE como un hogar político, un lugar en donde todos podemos unirnos para desafiar la desolación y la apatía a la que este país tan a menudo insita a su gente. Juntos, hemos cultivado la visión del mundo que deseamos y hemos construido mecanismos para demandar que nuestras políticas gubernamentales reflejen esa visión.
Hemos alcanzado a miles de mujeres y hombres que no son necesariamente activistas políticos, pero que poseen un sentido básico de lo correcto e incorrecto. Los hemos habilitado para encausar sus principios en posiciones políticas coherentes, les hemos brindado los medios para actuar a favor de lo que consideran correcto: que los gobiernos tienen una responsabilidad hacia el bienestar de su gente, que nosotros en los Estados Unidos y otros millones alrededor del mundo permanecerán en riesgo a menos que los Estados Unidos respeten los derechos humanos y las leyes internacionales; y que las necesidades humanas, no la ambición corporativa, deben guiar la política pública.
En el momento cúlmine de la Guerra Fría, hemos contribuido en exponer las guerras encubiertas contra los pueblos de América Central de la Administración Reagan. Durante la Primera Guerra del Golfo, nos enfrentamos a George Bush, oponiéndonos a las bombas y a las sanciones comerciales que amenazaban a las mujeres y a las familias iraquíes. Durante ocho años, hemos desafiado el falso humanitarismo de Bill Clinton y hemos trabajado para sujetar la responsabilidad de su Administración a su retórica. Y desde los ataques del 11 de septiembre de 2001, le hemos demostrado al mundo que el patriotismo del “unidos nos mantendremos" es un mito. En cambio, nos hemos mantenido unidos en contra de la guerra de Bush contra el mundo, incluidos sus ataques a los derechos civiles y políticos, a la salud reproductiva de las mujeres, a la ley internacional y a la prioridad que tienen las mujeres y las familias aquí y en el exterior. Hoy, a pesar de los graves desafíos a nuestro trabajo, incluyendo una economía estadounidense en serias dificultades y una crisis que se profundiza para muchas de nuestras organizaciones hermanas, estamos gracias a ustedes, más fortalecidos que nunca.
Hace 25 años MADRE fue creada en asociación con aquellas mujeres quienes estaban más directamente amenazadas por la política exterior de los Estados Unidos, para satisfacer las necesidades inmediatas de sus comunidades y para afrontar las causas subyacentes de las crisis que enfrentaban. Basadas en el trabajo concreto de juntar crayones, libros, leche en polvo, equipamiento médico y materiales artísticos para Nicaragua, MADRE le ofreció a la gente de los Estados Unidos formas de pensar sobre sus propias vidas en un contexto político y formas de actuar unidos para exigir alternativas contra las políticas destructivas, en nuestro país y en el exterior.
Desde entonces, MADRE ha entregado 25 millones de dólares en apoyo material a nuestras organizaciones hermanas en Burma, Nicaragua, El Salvador, Guatemala, México, Haití, Cuba, Colombia, Pakistán, Perú, Ruanda, Sri Lanka, Kenia, los países de la ex Yugoslavia, Palestina, Líbano, Irak y Afganistán. Hoy, MADRE es una organización de mujeres pro derechos humanos reconocida internacionalmente, posicionada en el centro de de los movimientos por la igualdad de la mujer, la paz y la justicia, y los derechos humanos internacionales, reflejando la comprensión de que los derechos de las mujeres son derechos humanos, que la política exterior estadounidense es una "cuestión de las mujeres" y que los derechos humanos en cualquier lugar son inherentemente políticos.
La Directora Fundadora de MADRE, Kathy Engel, y las mujeres que ella unió, compartían la visión de una organización de derechos humanos única, liderada y dirigida por mujeres, dedicada a informar a la gente de los Estados Unidos sobre los efectos de las políticas estadounidenses en las comunidades alrededor del mundo. MADRE resolvió construir alternativas reales contra la guerra y la violencia al apoyar las prioridades de nuestras organizaciones hermanas y al unirlas a las necesidades de las mujeres y familias en los Estados Unidos a través de un intercambio de ayuda directa y comprensión persona a persona.
Madre resolvío a construir alternativas reales contra la guerra y la violencia al apoyar las prioridades de nuestras organizaciones hermanas y al unirlas a las necesidades de las mujeres y familileas en los Estados Unidos a través de un intercambio de ayuda directa y comprensión persona a persona


